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Cindy Kimberly, la amiga española de Justin Bieber desfilará en Madrid Fashion Week

Escrito por Rubén Fernández el .

Cindy KimberlyCindy Kimberly es una desconocida niñera de 17 años y origen holandés que vive en Denia (Alicante). Desconocida hasta hace unas semanas, momento en el que el famoso cantante Justin Bieber la encontró por casualidad en la red social Instagram y se preguntó de quién se trataba. Justin pidió la colaboración de sus millones de seguidores para conocer su identidad y los fans respondieron en masa localizando a la misteriosa y guapísima chica.

A pocas semanas para que empiece la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid A/W 2016, se ha anunciado que Cindy Kimberly debutará como modelo en la pasarela más importante de España. Todavía no se ha desvelado qué firma será la que cuente con la «amiguita» española de Bieber entre su casting de modelos, pero nadie duda de que esta joven de rasgos parecidos a los de la top Irina Shayk será uno de los grandes reclamos de la Semana de la Moda madrileña.

Ha sido la propia modelo quien ha confirmado la noticia a «Vanitatis». «Estoy muy emocionada, porque es la pasarela más importante a nivel nacional», confesó en su primera entrevista. También ha afirmado que recibe numerosas ofertas de trabajo, pero que está centrada en otros proyectos que ya tenía cerrados antes de que Bieber la hiciera una influencer de las redes sociales. A día de hoy, Kimberly cuenta con 750.000 seguidores en Instagram. Todo el mundo quieren a la chica española en la que se fijó Justin Bieber.

Grace Coodington deja la revista Vogue

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"Si Anna Wintour es el Papa, Grace Coddington es Miguel Ángel, intentando pintar una nueva versión de la Capilla Sixtina 12 veces al año”. Así definía la revista Time a las dos mujeres tras la publicación, esta semana, de que la revista de moda más importante del mundo, el Vogue estadounidense, se quedaba sin su artista. Después de casi 30 años como directora creativa del magazine, Coddington anunció que abandonaba su puesto para poder embarcarse en otros proyectos.

Tras su salida, la prensa estadounidense especializada especula ya con movimientos y despedidas en Vogue que sigan a Coddington. Pero la estilista no se va definitivamente. Mantendrá el título de “directora creativa independiente” y seguirá colaborando con la revista en al menos cuatro editoriales al año. Lo dejó muy claro en el anuncio de su marcha: “No estoy huyendo de Vogue porque me ha abierto muchas puertas”.

Grace Coddington junto a Anna Wintour en un desfile en 2015.

Para Coddington, nacida en “una isla de una isla” de Gales en 1941, las páginas de la revista Vogue significaron la primera puerta al mundo de la belleza que le llegaba por correo siempre con retraso. Para ella eran una ventana a por la que dejaba volar su imaginación lejos del hotel costero en el que se crió junto a sus padres y dos hermanas. Fue la brújula que le llevó hasta el Londres de 1959. Por las mañanas estudiaba para ser modelo, y por las tardes ganaba el dinero para las clases en un café, gracias al que paradójicamente despegó su carrera como modelo. Primero un cliente la puso en contacto con el fotógrafo Norman Parkinson, que le hizo su primera sesión. Después, otro le habló de un concurso de modelos en Vogue.

La revista volvía aparecer en su vida. Tenía solo 19 años y Coddington ganó uno de esos concursos. Entre sesión y sesión, conoció al peluquero y empresario Vidal Sassoon, a Mick Jagger, los Beatles, al diseñador de zapatos Manolo Blahnik o al fotógrafo David Bailey. “[El director] Roman Polanski intentó arrastrarme a su casa”, cuenta en sus memorias. Con su inconfundible melena pelirroja prerrafaelita, se hizo un hueco en las páginas con las que soñaba de niña, “sin ser una mujer perfecta”. Para ella “la perfección es aburrida”. Y por eso sigue rechazando lo digital, por las posibilidades que ofrece de corregir la belleza de lo imperfecto.

Cuando su carrera de modelo se truncó en los años sesenta tras un accidente de tráfico que la dejó sin párpado izquierdo, tras una larga recuperación volvió a trabajar, pero al otro lado de la cámara, como editora de la edición británica de Vogue. La relación que había empezado de modelo con fotógrafos como Bailey o Helmut Newton y diseñadores como Karl Lagerfeld o Alaïa la estrechó en sus primeros editoriales.

El renacimiento de los logos en el mundo de la moda

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Una modelo desfila durante la Semana de la Moda de París.Por el logo nos conoceréis. Es la máxima que aplican muchas firmas de moda: Chanel es inseparable de sus ces entrelazadas, Louis Vuitton de su monograma y Moschino de su nombre en versalitas. Tras unos años marcados por la tendencia No Logo (que proponía huir de la ostentación), los símbolos y nombres de las marcas vuelven en las colecciones de primavera 2016. Lanvin llena de caligrafía sus vestidos y abrigos, y entre las palabras Faubourg, París y Saint Honorè cuela el nombre de la creadora de la maison, Jeanne Lanvin; Emilio Pucci también evoca la firma del fundador, esta vez bordada sobre cuerpos de tul; Gucci repite su nombre en un camisero; Fendi lleva al primer plano sus cinco letras en las sudaderas; Versace destaca su cabeza de medusa en cinturones de hebilla circular que se convierten en la pieza central del estilismo; JW Anderson, que hace dos años rediseñó el logotipo de Loewe con el estudio M/M (París), sella sus bolsos con una tipografía que también figura en vestidos y pantalones...

Este “inesperado resurgir” —como lo bautiza la edición americana de Vogue— comenzó a fraguarse en 2014, con las propuestas de Alexander Wang —uno de los adalides del cartelismo en sus prendas—, Missoni o DKNY. Entonces, Financial Times sugirió que se trataba un regreso “irónico”, con el que las marcas mostraban un giro lleno de humor inspirado en la logomanía exagerada de los años ochenta. Hoy, esta tendencia cobra un nuevo sentido, subraya Teresa Sádaba, directora y profesora de Comunicación en ISEM Fashion Business School: “El logo es ahora un componente más que tienen el diseñador y la marca para exhibir su colección, lo integran como parte del juego. Tienden a ser más planos y simples, visiones mucho más modernas desde el punto de vista de la grafía, para llegar a un público joven que quiere interactuar”.

Explica Sádaba que hay dos motivos fundamentales que justifican la atracción ejercida por nombres y logotipos. “El primero es la parte aspiracional que tienen las marcas, que implica estatus; y el segundo, la seguridad personal que aporta utilizar esos símbolos. Todo tiene que ver con el componente sociológico de la moda, ligado al reconocimiento y a la aceptación en ciertos grupos”.

Muere André Courrèges, un visionario de la moda

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Diseños de André courrègesEl diseñador francés André Courrèges, padre de la moda futurista, fallecía en la noche del pasado viernes a los 92 años en de Neuilly-sur-Seine, junto a París, tras más de 30 años de “combate contra el mal de Parkinson”.

Fue uno de los grandes revolucionarios de la moda contemporánea. Un visionario que, junto a Paco Rabanne y Pierre Cardin, supo trasladar en sus diseños el pulso de una época: los años sesenta y setenta. En pleno auge de la carrera espacial y del prêt-à-porter entendió la necesidad de imaginar un futuro lleno de ingenios y prosperidad. Y de dotar a la mujer de un guardarropa funcional y liberador. “Ya no caminamos por la vida. Vamos corriendo, bailando. Conduces un coche, coges un avión. Tu ropa debe ser capaz de moverse también”, declaró.

Nacido en Pau el 9 de marzo de 1923, desembarcó en París en 1945, donde hizo su debut en la casa Balenciaga en 1950. Once años más tarde, abrió su propia compañía junto a su esposa y musa Coqueline. “Hemos de ponernos en contexto. Estábamos en plena posguerra. Lo práctico dominaba sobre la elegancia y la austeridad sobre la ostentación. André y yo empezamos a crear pensando en lo cotidiano con un horizonte: que las mujeres empezaran a ser felices”, contaba la señora Courrèges.

Expiloto militar e ingeniero civil, aplicó sus conocimientos arquitectónicos a la construcción de patrones. Popularizó el pantalón pirata y la minifalda. La autoría de esta pieza, hoy totalmente normalizada dentro del armario femenino pero entonces revolucionaria, desató una agria disputa entre el diseñador y Mary Quant. “Yo inventé la minifalda, Quant solo comercializa la idea”, defendía Courrèges.

El francés también fue un pionero en el uso de materiales hasta entonces inimaginables sobre una pasarela como el PVC. Sus siluetas geométricas y siempre sobradas de sentido del humor escandalizaron a la sociedad más conservadora al tiempo que enamoraron a grandes iconos de estilo de la época como Jacqueline Kennedy, Gloria Guinness, Paulette Goddard, Françoise Hardy o la duquesa de Windsor, fieles clientas y embajadoras de su personal estilo. Andy Warhol, que también se contaba entre sus admiradores, aseguraba que “todo el mundo debería ir vestido de Courrèges, con esas pintas, de color plata. La plata pega con todo. Debería llevarse de día y con mucho maquillaje”.

Los magnates de la moda Tory Burch y Pierre -Yves Roussel se casan

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Tory Burch y Pierre-Yves Roussel.El mundo de la moda tiene una nueva pareja poderosa. La diseñadora estadounidense, fundadora y dueña de su propia marca, Tory Burch y el alto ejecutivo del conglomerado lujo LVMH, Pierre-Yves Roussel, anunciaron su compromiso esta semana. La noticia, comunicada por ella en su cuenta de Instagram, ha despertado mucha atención en el sector ya que supone la unión de dos imperios que son competencia directa en EE UU.

Según The New York Times, la pareja se conoció en 2014, cuando Roussel fue enviado a explorar el mercado estadounidense para la expansión de algunas de las marcas del grupo. Momento en el que incluso se pudo llegar a sopesar la idea de comprar la empresa de Tory Burch, valorada el año pasado en más de tres mil millones de dólares. Empezaron a salir en junio de 2014, pero algunas webs especializadas recuerdan que ya en febrero de 2013 se vio al ejecutivo francés en el front row del desfile de ella.

Tory Burch ha estado casada en dos ocasiones anteriores. Con su anterior marido, el financiero Chris Burch, tiene tres hijos y lanzaron juntos su marca en 2004. En 2006, anunciaron su divorcio que no se selló hasta 2012, después de una batalla pública por la marca, uno de los mayores casos de éxito en el mundo de la moda. Burch creó un imperio multimillonario, que hoy tiene multitud de líneas de ropa, a partir de la venta de un único producto: unas bailarinas con su insignia valoradas en 200 dólares.

Tras su divorcio, Burch estuvo relacionada con el ciclista Lance Armstrong en 2007 y con el directivo de Warner Music, Lyor Cohen. Pierre-Yves Roussel, que ahora reside entre Nueva York, donde vive ella, y París, donde está la sede de LVMH, también tiene tres hijos de un matrimonio anterior.

El anuncio ha levantado multitud de preguntas y comentarios entre el sector. Desde cómo será la boda, para la que aún no tienen fecha, a quién diseñará el vestido de Burch. Podría ser ella misma, o podría seleccionar a alguna de las marcas del grupo de su futuro marido, como Givenchy, Dior o Marc Jacobs.

Hasta la poderosa Anna Wintour se ha pronunciado sobre la pareja y su futuro enlace en el New York Times: “Con algunas parejas te preguntas, por qué están juntas. A Tory y Pierre-Yves no puedes imaginarlos separados. Son la definición de ‘la pareja perfecta’: ambos brillantes, ambos encantadores, ambos con tres hijos y compartiendo los mismos intereses y actividad”.

Sobre la poderosa unión se especula incluso la posibilidad de que Roussel acabe abandonando LVMH para trabajar en Tory Burch. De hecho, algunas de las marcas del grupo propiedad de la familia Pinault son competencia directa de la diseñadora estadounidense, como DKNY o Kenzo.

También se preguntan cómo se comportarán de puertas hacia fuera, una vez casados. Burch tiene una imagen muy pública en EE UU. Como mujer de negocios hecha a sí misma, y una fundación que ayuda a otras mujeres emprendedoras, es un modelo a seguir en la sociedad estadounidense. Mientras que él, como manda un poco la política de LVMH, mantiene un perfil bajo. Según Wintour, aunque la pareja nunca se haya escondido, ya que acuden a multitud de actos juntos –desde la apertura de la tienda de Burch en París a la cena de los diseñadores de Estados Unidos–, “hay en el fondo algo total y orgullosamente privado sobre ellos”.