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Demna Gvasalia, nuevo diseñador de Balenciaga

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El diseñador alemán Demna GvasaliaAlexander Wang se despedía esta semana como director creativo de Balenciaga con un desfile con aires lenceros en la semana de la moda de París. Centrado ahora en su firma homónima, saludó al público dando saltos de alegría tras finalizar su presentación, quizá con la tranquilidad de saber que la firma ya tenía su sustituto: Demna Gvasalia. El diseñador alemán de origen georgiano será el nuevo director creativo de la firma en sustitución del estadounidense, según ha informado este miércoles el grupo, que ha destacado que su mirada "sin precedentes a la función creadora" recuerda a la del fundador español de la marca.

El relevo se produce cuatro días después de que Wang se despidiera de Balenciaga con su propuesta para la primavera-verano de 2016. Y termina con meses de especulaciones que parecen no haberse cumplido: no se ha promocionado ningún perfil bajo de la propia firma, aunque sí que se ha contado con un diseñador de perfil público más bajo. En el comunicado, el conglomerado de marcas de lujo Kering, al que pertenece la firma creada en 1917, da la bienvenida a su nuevo diseñador, de 34 años, diplomado en la Royal Academy of Fine Arts de Amberes, una de las escuelas de arte más prestigiosas del mundo. Una noticia que se da a conocer el mismo día en el que la principal marca de su mayor competidor, Louis Vuitton, presenta su colección en París.

Alexander Wang, en su último desfile como director creativo de Balenciaga en París

Gvsalia presentó su primera colección en Tokio en 2007 y en 2009 se incorporó a maison Martin Margiela, donde dirigió las colecciones de mujer hasta 2013, y hoy en manos del siempre controvertido John Galliano. De ahí pasó a Louis Vuitton, hasta que lanzó la firma Vêtements, que presentó su primera colección en París en el año pasado.

“Gvsalia se ha impuesto rápidamente como la mejor opción para la nueva dirección artística de la maison”, asegura la directora general de Balenciaga, Isabelle Guichot, quien además destaca del diseñador elegido su “dominio de la tecnología” y “los conocimientos y la cultura de la moda adquirida en sus diferentes experiencias”. “Aporta una mirada sin precedentes a la función creadora y recuerda en este sentido la visión de Cristóbal Balenciaga.Estoy segura de que va a tomar los valores más profundos de Balenciaga y adaptarlos al mundo cambiante de hoy”, añade. François-Henri Pinault, director ejecutivo de la firma -y marido de Salma Hayek- tembién le ha querido dedicar unas palabras de bienvenida: "Es una poderosa fuerza emergente en el mundo creativo de hoy [...] Estoy convencido de que llevará a Balenciaga a un futuro de éxito".

El diseñador alemán, que seguirá dirigiendo además su propia firma, tomará la responsabilidad creativa de las colecciones de la marca y se estrenará con la presentación de la colección otoño-invierno 2016/2017, a principios del próximo mes de marzo en París. "Me siento extremedamente orgulloso y emocionado por el hecho de que se me haya dado esta oportunidad de aportar mi visión a Balenciaga, una casa con una historia excepcional en lo que se refiere a empujar los límites de la modernidad en la moda", ha confesado Gvasalia al portal especializado Women's Wear Daily.

Fue el pasado mes de julio cuando Balenciaga anunciaba el cese de Alexander Wang como su director creativo, después de tres años de colaboración y a pesar del crecimiento que ha experimentado la marca bajo su batuta. Algo que el diseñador ya se intuía y por lo que ha decidido centrarse en su firma: un día después del anuncio de su despido el estadounidense abría en Londres la tienda más grande que su propia firma tiene hasta el momento.

Colección primavera/verano 2016 de Balenciaga presentada en la semana de la moda de París

Beyoncé y Rihanna denuncian a una firma que usa su imagen

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Rihanna y BeyoncéArtistas como Beyoncé, Rihanna, Jay Z, Kanye West o Pharrel Williams se han unido para demandar a la compañía de moda Eleven Paris por haber utilizado sin permiso su imagen para estamparla en camisetas, gorras o mochilas y comercializar con ellas. Hace unos meses, las estrellas de la música y del cine ya habían pedido a la marca que retirara los productos del mercado, pero se toparon con una negativa como respuesta y por eso ayer se dirigieron a un tribunal federal de Nueva York para interponer una demanda. 

En las camisetas se puede ver a famosos como Cara Delevingne, Will Smith, Marilyn Monroe, Lenny Kravitz o Winzka W., entre otros, tapados con un pasamontañas o con un dedo encima de su labio y un bigote dibujado. La idea no es original de Eleven Paris. Salvador Dalí y Marcel Duchamp ya jugaron a colocar un mostacho a la Mona Lisa en la década de los cincuenta, solo que entonces las leyes que regulan el derecho de imagen no eran como las actuales. 

Las camisetas de Eleven Paris de Rihanna y Beyoncé.

Los famosos acusan a Eleven Paris y a sus socios de "infringir deliberadamente la propiedad intelectual y los derechos de autor de una lista de famosos", según reza la denuncia, que continúa asegurando que estas ventas han causado y están causando un daño irreparable a los demandantes, "quienes desean recuperar los beneficios que han perdido en ventas de sus propias marcas y colaboraciones con otros fabricantes". 

Aunque parece que no a todos les disgusta la idea. Otros rostros conocidos como Cristiano Ronaldo, Joe Jonas, Steven Tyler o LeAnn Rimes han lucido abiertamente los diseños de la empresa de moda francesa, que fue creada en 2003 por dos amigos, Oriel Bensimon y Dan Cohen, como templo de la moda rock. En la actualidad tienen 50 tiendas, sobre todo en Francia, pero además están en Dubái, Beirut o Seúl. La empresa también vende otras prendas que hacen referencia a personajes del mundo del cine, de la música o de la moda con frases como "Kate (Moss) is my religion", "Iggy (Pop) is my grand pa" o "Diva like Mariah (Carey)".

Entre la necesidad y el deseo

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Desfile de Nina RicciSobre una pared del Grand Palais parisino, una decena de fotos de Romy Schneider observaban el trasiego de modelos, maquilladores y fotógrafos. La actriz fue –según reconoce el diseñador Guillaume Henry  tras la presentación- una de las principales fuentes de inspiración de su propuesta. “Una mujer fuerte pero vulnerable, al mismo tiempo” como la que el francés buscaba reflejar en su segunda colección para la firma propiedad del grupo español Puig.

Sobre la pasarela se sucedieron una serie de blusas transparentes, abrigos masculinos y vestidos de tela bruñida con aplicaciones de plumas de marabú. Piezas que tenían un aspecto tan poderoso como delicado. Los petos con apariencia de delantal se anudaban al cuello con finas cintas de seda o brillantes collares, mientras la piel de avestruz plastificada se concretaba en minifaldas de corte recto y gabardinas. “El trabajo de materiales ha sido muy importante. Quiero que la ropa se pueda sentir, tocar, olor. Que exista una experiencia física”, explicaba el creador.

Sin rebuscados argumentos ni ambiciosos objetivos, confirmó el sábado las esperanzas puestas en él. En Henry hay cada vez menos de promesa y más de inminente realidad. Su capacidad para revitalizar una firma vetusta está más que probada. En 2010 tomó las riendas de Carven, una agonizante casa de alta costura fundada en 1945 y, en solo tres años, la transformó en una de las firmas de pret a porter más chic y deseadas del momento. “Cuando empecé con Carven tenía 30 años, ahora tengo 36 y Nina Ricci es una mujer, una verdadera mujer, ya no una chica”. Y Henry parece preparado para satisfacer sus necesidades.

Modelos de Haider Ackermann

El objetivo de Haider Ackerman, según sus propias palabras, era crear “looks fuertes” para “tiempos extraños”. Puede estar satisfecho. Sus prendas rezumaban energía y confianza, y su colección triunfaba allí donde tantas otras han fracasado en los últimos tiempos: En el empeño por adaptar las piezas clave del armario masculino al de la mujer contemporánea. Superadas Marlene Dietrich y Annie Hall, debe haber un camino que no pase por Ángela Merkel. Y Ackermann ha tomado uno tan alejado del consejo de dirección como próximo al punk y a los new romantics: Tops con chorreras, pantalones masculinos en telas satinadas, vestidos de corte años noventa en terciopelo, chalecos cortos. Nada nuevo, pero sí originalmente empleado.

Modelo de Elie Saab.

Elie Saab decidió recorrer ayer el vasto espacio que separa el chándal del atuendo de princesa en una misma colección. La presentación comenzó con una inofensiva serie de piezas florales a la que siguió un conjunto de falda de encaje y bomber, preludio de una chaqueta y un pantalón de algodón rematados con puños de goma: una nueva definición del lujo deportivo. Después llegaría el turno de los vestidos con aire gótico, las túnicas de brocado en blanco y solo, al final, una pequeña concesión a los tules bordados en pedrería, seña de identidad de la casa. Pero, sin duda, la aproximación a los nuevos tiempos más acertada que llevó ayer a cabo esta firma clásica y artesanal fue la que tiene que ver una técnica del siglo XXI: el uso del láser para troquelar la piel y reproducir la apariencia del encaje. Una nueva maestría que añadir a su exquisita destreza en el bordado.

Las grandes marcas anteponen las exigencias comerciales en París

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Desfile de la temporada primavera/verano de Stella McCartney en ParísTranscurridos seis días de la semana de la moda de París, una sensación flota en el ambiente: las grandes marcas, como Stella MacCartney o Giambattista Valli, han primado las exigencias comerciales por encima del riesgo creativo. No es nada nuevo. Llevan tiempo haciéndolo, pero en esta temporada el desequilibrio entre funcionalidad y emoción resulta especialmente evidente. El resultado son colecciones más pragmáticas y reales, listas para saltar de la pasarela a la calle sin necesidad de ajuste alguno. Propuestas que pulverizan, con excepciones como la de Rick Owens, la crítica más oída fuera del mundo de la moda –“Esto no se lo pone nadie”-, pero que adolecen de la grandeza y complejidad que se le supone a la cita francesa.

Si la industria ofrece propuestas fácilmente digeribles parece lógico pensar que se trata de un síntoma y no de una coincidencia. El año pasado, la caída del rublo ruso y la madurez del mercado asiático colaboraron al estancamiento del sector del lujo, según la consultoría Bain & Co. Revertir esta tendencia pasa, entre otras medidas, por aumentar las ventas. Tan obvio como que Karl Lagerfeld utilizará el tweed en su colección del martes.

Parece que no hay margen para experimentos: lo único importante es el producto. Stella McCartney constituye un claro ejemplo de este fenómeno. Su trabajo para la próxima primavera-verano resulta fácil y apetecible. Para ello, la británica se apoya dos pilares fundamentales: la estética deportiva y un magistral uso del color, que consigue que sus prendas sean, como ella misma explica, “una celebración el verano, del espíritu libre y vital”.

Gigi Hadid, en el desfile de Giambattista en París

La colección presentada el lunes arrancó con una serie de vestidos largos en tejido de polo, a los que siguieron unas piezas en plisado bitono. El ritmo decaía con su reinterpretación de la sastrería masculina, por redundante: pantalones amplios acompañados por chalecos largos y estructurados, y un discreto juego de asimetrías que aplica a tops y camisas de corte escultórico. Para rematar su presentación McCartney eligió una línea de vestidos fluidos con troquelados geométricos en colores amarillo, azul cobalto, naranja brillante, blanco y negro. Tan inofensivos y deseables como un granizado de limón en pleno agosto.

En su segunda colección para Hermès, Nadège Vanhee volvió a explotar –y subrayar- dos de las principales señas de identidad de la casa francesa: la piel y los pañuelos. Y una vez más dejó sentir sobre la pasarela sus años de trabajo para Céline y The Row con ese contraste entre siluetas minimalistas y maxivolúmenes que tan bien le sienta ahora a la legendaria casa francesa. Vestidos volátiles, abrigos de líneas rectas y chalecos holgados. Toco acompañado por deportivas realizadas en canvas y piel cabra. Pero la verdadera fuerza de las prendas residía en sus materiales. Como en los monos de cashmere de doble cara, algodón y seda, o las faldas tableadas en piel de cordero y jaspe. Una de las técnicas más complicadas y con resultados más ricos fue la que los artesanos de Hermès desarrollaron para pegar el cuero sobre el tweed de seda consiguiendo una textura esponjosa y resistente. Los famosos pañuelos de la firma fueron transformados en tops y vestidos camiseros.

Detalles de la pasarela de de Hermés, en París

Giambattista Valli es otro de los creadores que mejor sabe responder a los deseos de sus clientas. Sus herramientas: una estética femenina y un exquisito trabajo de bordado. Para la próxima temporada el italiano propone un viaje desde los años sesenta hasta los setenta en su versión más contenida. El lunes, las minifaldas y abrigos de silueta dieron paso a las túnicas vaporosas y largas. Los estampados también transitaron de una década a otra y permitieron a Valli dar rienda suelta a su querencia por las flores. Destacan las rosas elaboradas con lentejuelas y piedras de chaquetas y pantalones: detalles de los que nunca se priva para hacer ostentación de las habilidades de su taller artesanal.

La encargada de cerrar el desfile fue Gigi Hadid, que ha sido noticia recientemente por reivindicar sus curvas a través de las redes sociales tras unas demenciales críticas a su peso. Sin duda, Hadid era la más curvilínea de las modelos presentes, lo que está muy lejos de significar que sea una mujer voluptuosa. Puede que la moda para la próxima primavera se vuelva más real, pero las maniquíes siguen sin parecerse a las mujeres que la compran.

Candice Swanepoel, una modelo impulsora del éxito de la moda

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Candice Swanepoel para Max Factor.Según Candice Swanepoel, uno de los ángeles de Victoria’s Secret  "La moda puede ser lo que uno quiera que sea. No me importa si hay gente que piensa que es superficial. Estoy teniendo una vida increíble gracias a ella", asegura la top. La sudafricana, de 26 años, se ha convertido recientemente en imagen de Max Factor. Para dar a conocer la campaña de la marca se ha metido en la piel de Marilyn Monroe por obra y gracia de la maquilladora Pat McGrath, directora creativa de la firma desde 2004. Sobre McGrath, una de las gurús del maquillaje del siglo XXI a la que todo el mundo adora en la industria, Swanepoel solo tiene buenas palabras: "He trabajado con Pat en otras ocasiones y verla maquillar es todo un arte. Para la campaña de Max Factor ha tratado de superar cualquier límite para transformarme en otros personajes".

Swanepoel se ha convertido en la cabeza del éxito. Su contrato con la marca de maquillaje y con la firma de lencería más famosa del mundo está entre los mejores pagados de la industria de la moda. Por otro lado, ha conseguido prestigio gracias a sus campañas para Givenchy, Miu Miu, Tom Ford, Versace o Nike: "Crecí en una granja en Moii River, en Sudáfrica, y nunca imaginé que mi carrera tendría este recorrido. Está siendo un viaje alucinante en el que estoy descubriendo que soy más fuerte de lo que pensaba".